“Educar en lugar de buscar chivos expiatorios»

Por Mario Mazzitelli Presidente del Partido Socialista Autentico

El censo y las estadísticas nos mostraran una mejor composición de la sociedad argentina actual. Pero ya podemos arriesgar que alrededor de 25 millones de compatriotas están viviendo por debajo de la línea de pobreza y dentro de ellos el 20% más pobre, bajo la línea de indigencia. Estos últimos no llegan a cubrir los mínimos requerimientos nutricionales para desarrollar una vida normal.
La mal nutrición abarca, seguramente, un universo mucho mayor. Como esta foto social-económica no puede explicar el contraste con un país que tiene abundantes fuentes de energía, tierras fértiles, agua, gran producción de alimentos, minerales, varios climas, paisajes magníficos, etc. La pregunta central es: ¿Qué nos pasó?
Seguidamente podríamos preguntarnos: ¿Será Alberto? ¿La guerra? ¿La pandemia? ¿La herencia de Macri? ¿La de Cristina, Néstor o Duhalde? ¿Quizás De La Rua? ¿Menem o Alfonsín? ¿Todo vendrá de la última Dictadura por esa alianza trágica entre el liberalismo y el terrorismo de Estado? ¿Serán los jóvenes del 70? ¿El golpe del 66, el 55 o el de 1930?
¿Será la oligarquía en alianza con el imperialismo? ¿El FMI? ¿La deuda? ¿El poder económico concentrado? ¿La fuga de capitales? ¿La falta de inversión? ¿La mala distribución del ingreso? ¿La ley de entidades financieras? ¿Las ganancias parasitarias de los bancos? ¿El régimen impositivo? ¿Los monopolios y oligopolios? ¿Que los empresarios tienen una cultura rentística? ¿Serán las deformaciones del mercado? ¿Los medios de comunicación? ¿Será el Estado elefantiásico? ¿O el desmantelamiento del Estado?
¿O el déficit fiscal? ¿El Banco Central? ¿La política monetaria? ¿La inflación? ¿Las altas tasas de interés? ¿Aerolíneas Argentinas? ¿Los que habitan el Estado sin trabajar? ¿La burocracia sindical?
¿Será el submundo? ¿Los deplorables servicios de inteligencia? ¿La sinarquía internacional? ¿La CIA? ¿El poder profundo? ¿Las redes siniestras que vinculan narcotráfico, mafias, policías y jueces?
¿Que la gente no quiere trabajar? ¿Será el régimen electoral? ¿La incompetencia en el manejo de la cosa pública? ¿La improvisación? ¿El cortoplacismo? ¿La lucha permanente por el poder?  ¿La casta política?
Todas las preguntas son pertinentes en la búsqueda del chivo expiatorio. Exculpar nuestras responsabilidades en alguien o en algo, alivia nuestra conciencia y nos brinda una guía para la acción. Pero resulta una pésima brújula. La simplificación extrema de la realidad termina en una falsificación de la misma, con los resultados frustrantes correspondientes. La superficialidad ha hecho que la política se llene de personas inexpertas, agravando el problema.
La búsqueda de culpables es una tarea ajena a la política. Si los argentinos queremos salir de esta pendiente de decadencia en la que nos encontramos, deberemos buscar la idea a partir de la cual ordenar todos los factores. No somos habitantes sueltos sobre un territorio, somos una Nación. Somos un pueblo que debe plantearse un objetivo al cual se sujetan otros, encaminando las cosas hacia un mejor porvenir.
El vector que debe ordenar todas nuestras acciones en el terreno económico, social, cultural, ambiental, financiero, es la educación. Si en el lugar más alto ponemos a la educación y el sistema educativo y en torno a su jerarquización movemos cielo, mar y tierra; los argentinos podríamos reencontrarnos con una nueva misión. Una mística para revitalizar los corazones de un país desesperanzado, frustrado y fatigado; que se reinventa o fracasa.
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