Platón y los peronistas

Por Ernesto Martinchuk

El mito de la caverna es una alegoría de la teoría de las ideas propuesta por Platón, que forma parte del libro La República, dónde quiere explicar el verdadero conocimiento. Platón quiere mostrar que, los seres humanos somos como esos esclavos que están encerrados en la caverna y que sólo conocemos la realidad como si fueran sombras que se proyectan en la pared de la caverna.

Nuestro conocimiento habitual, cotidiano, está basado, muchas veces en datos, en noticias que no son verdaderas, que son falsas o al menos ambiguas y confusas. En cambio, el que sale fuera de la caverna y mira la realidad, es quien contempla el universo, el cosmos, la verdad, que según la filosofía viene de la contemplación, de algo que está más allá de las simples percepciones habituales y cotidianas. Muchas de las verdades que nosotros creemos que son tales y que dependen de nuestro conocimiento limitado, son inexactas, imprecisas, ambiguas, confusas. Solo buscando ese conocimiento fuera de las verdades cotidianas, se logra un mejor conocimiento de «La verdad» que es ilimitado, nunca se agota.

La política

Se registran en el ambiente algo así como ecos lejanos de palabras confusas. El país es el teatro de las luchas ardientes por la existencia. El hombre despliega en ella sus fuerzas, tiene visiones y escucha las voces interiores. En ella se pasa el tiempo y se sueña. El instinto de solidaridad da por resultado que el hombre, en todas sus resoluciones y en todos sus actos, tiene presente sin cesar la idea de la especie, del rebaño y concede la mayor influencia sobre su conducta y sus pensamientos a la acogida que sus acciones y sus palabras han de encontrar en los demás hombres.

La opinión pública ejerce sobre cada individuo un poder enorme, a quien ninguno puede escapar. El deseo del político de agradar a la opinión pública es, por regla general, aún más poderoso que el instinto de conservación personal, porque muchos hombres se sacrifican, no por defender sus propios intereses, por apartar un peligro inmediato, sino por hacer algo del que hablen con elogio los demás; en otros términos, para que la opinión pública los haga “héroes”.

Mientras tanto, los hombres vulgares han nacido para marchar en lo más espeso del barro, para dejar que otros dirijan la marcha, designen las paradas, determinen las horas de la partida y del descanso, conduzcan el ataque y la defensa. Otros hombres que no tienen durante su vida más móvil que la opinión de los demás, nunca se atreven a seguir ideas propias o a tener un gusto personal. En las grandes, como en las pequeñas cosas, obedecen a la opinión de los demás, desde el color de su remera, hasta -muchas veces- la elección de su mujer, todo lo determinan atendiendo a sus “compañeros” de los que no apartan la vista ni un solo instante.

Hace falta un valor extraordinario para afirmar en voz alta una opinión personal, sabiendo que al hacerlo así se pone uno en oposición con casi todos los que le rodean, por ejemplo, para defender una causa que signifique una injusticia, el bienestar de la gente.

La conciencia es el abogado de los intereses de la especie en cada alma humana, el representante que la opinión pública tiene en cada individuo y por el cual éste se relaciona siempre con la humanidad, aún cuando viva sólo completamente en una isla desierta. El que hace lo que reconoce como bueno, aunque sea contrario a su ventaja individual, el que cumpliendo su deber muere oscuramente como héroe, sin esperanza de ser nunca apreciado, obran así porque sienten en su interior una voz que los aprueba en nombre de la humanidad, porque tienen el sentimiento cierto de que la opinión pública está enteramente con ellos y sólo la casualidad le impide manifestar abiertamente su aprobación.

La experiencia ha mostrado -más aún en los últimos tiempos- que con dinero se puede comprar siempre y en todas partes la “colaboración” y “complicidad” de hombres y mujeres de talento, pero faltos de carácter y principios. A docenas se conocen propagadores de rumores, noticias falsas, operadores, usureros, banqueros, criminales condenados, aventureros, agitadores, groseros ignorantes que han “fundado” medios periodísticos, han alistado plumas y han llevado adelante su empresa según sus bajos sentimientos, su inmoralidad, y su falta de convicción.

La ley protege la sociedad, pero no protege la vida.

La costumbre y el derecho no permiten que un hombre robe a otro un celular, pero la costumbre permite y el derecho escrito no prohíbe que ese mismo hombre con un arma mate a otra persona. Sin embargo, la vida es un bien mucho más precioso que un celular. Tenemos deberes sagrados, como la protección de la vida ya que muchos hombres y mujeres son el sostén de una familia. Si muere alguno de ellos, sus hijos estarán perdidos, en tanto que, el delincuente no lleva al enfrentamiento, más que su propia vida y no la de seres que le son caros a sus sentimientos.

Schopenhauer tenía razón cuando decía: “La piedad niega la vida, la piedad hace la vida más digna aún de ser negada, la piedad es la práctica del nihilismo. Repitámoslo: este instinto depresivo y contagioso, contrarresta los demás instintos que trabajan por conservar y aumentar el valor de la vida; es, lo mismo como multiplicador que como conservador de todas las miserias, uno de los principales instrumentos para la resurrección de la decadencia; la piedad persuade de la nada”.

Peronismo y anarquismo

El peronismo debe su victoria a la lamentable adulación de la vanidad personal. Por ella se ha atraído todo lo que es defectuoso, bajamente rebelado, todos los que no han tenido su parte, el derecho y la espuma de la humanidad. “La salvación del país y del mundo, gira en torno de ellos”. El veneno de la doctrina de los derechos iguales para todos, que el peronismo ha diseminado como principio ha destruido el principio de felicidad sobre la argentina. Acordar que “para un peronista no hay nada mejor que otro peronista”, –aunque no tenga las condiciones– ha sido el atentado más enorme cometido contra las instituciones.

Nadie tiene actualmente, la audacia de los privilegios, los derechos de dominio, del sentimiento de respeto hacia sí mismo, y hacía su próximo. Nuestra política se halla atacada de esa carencia de valores, subterráneamente minada por la mentira de la igualdad que transforman toda revolución en mentira, sangre y en crimen.

El peronismo ha resultado ser una resurrección de todo lo que se arrastra, contra todo lo que se eleva. Es importante saber que el objeto con que se miente, puede ser muy distinto, y así para conservar, como para destruir, demuestra esta afirmación una exactitud inflexible. Así se puede establecer un paralelo entre el peronismo y el anarquismo (populismo, comunismo); sus propósitos, sus instintos, no son más que destructores. Hemos sido testigos, no hace mucho, como una legisladora tuvo por objetivo “eternizar” a una gran organización de la sociedad, para hacer prosperar la vida de todos los argentinos.  Se ha dicho que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen” o “los gobiernos que se les parecen” ¿Por qué extraña razón nuestros gobiernos serían muy distintos a los que los votan? Es necesario trabajar mucho en lo cultural, comenzando en la casa con los padres y en el jardín de infantes, sino se seguirá votando a gente no capacitada y delincuentes, porque como sostenía Plutarco (45-120 d. C): “El verdadero destructor de las libertades del pueblo es aquel que reparte botines, donaciones y regalos”.

De esta forma, los efectos de la razón, durante varias décadas fueron una semilla para servir en el futuro de cosecha más grande, más abundante, lo más completa posible, de una decadencia total en lo educativo, en lo institucional, en lo público y en lo social, que demandará décadas -si es que en algún momento se toma conciencia- en resolverse. El peronista y el anarquista,(comunista o de izquierda)  son ambos decadentes; ambos incapaces de obrar de otro modo que no sea disolvente, venenoso, debilitante, derramando sangre en todas partes, reinando en ambos, por instinto, un odio a muerte contra todo lo que promete porvenir para la vida.

El peronismo ha sido el vampiro de la República Argentina, en los últimos ochenta años, anonadando la acción de un terreno para una gran cultura que estaba en desarrollo y era motivo de observación en todo el mundo. La hipocresía, las ideas sombrías, el sacrificio de inocentes, como la unión mística se hizo dueña del país, con políticos que no estaban interesados en la verdad sino en el poder y cómo mantenerlo. Es evidente que, cuando la ley no protege a la sociedad de los corruptos, sino que los protege, se da cuenta que, lamentablemente, está condenada.

No hay que poetizar ni disculpar al peronismo. Ha llevado a cabo una guerra a muerte, intentando “crear” a un tipo superior de hombre, pero ha destilado en ellos el instinto del mal. El peronismo se ha puesto del lado de todo lo indebido, de todo lo bajo, de todo lo fracasado, formando un ideal que se opone a los instintos de conservación de la vida fuerte, y que ha echado a perder la razón de la naturaleza más fuertes intelectualmente, enseñando que los valores superiores de la inteligencia, la meritocracia, no son más que extravíos. En el peronismo, ni la Moral, ni la Ética, ni el Patriotismo, están en contacto con la realidad. No hay más que causas imaginarias y efectos imaginarios, una relación imaginaria entre los seres y una ciencia natural imaginaria, con interpretaciones de sentimientos, de sensaciones.

Es oportuno recordar que, el peronismo de los ´70 hasta nuestro días: inició el terrorismo de Estado; Llamó a los militares; No quiso enjuiciar a las Juntas; No participó de la CONADEP; Indultó a generales y guerrilleros; Uso los DD.HH. con fines lucrativos; desarmó y degradó a las FF.AA. y de seguridad; Hoy muchos terroristas son parte del gobierno; Hizo un uso político de la pandemia.

La miseria no deja al ser humano pensar… La Argentina no ha dado, aún, su gran paso… faltan, dentro de las instituciones, los instintos de limpieza. Todo es cobardía, ojos cerrados, engaño voluntario. Cuando el saqueo se convierte en una forma de vida para un grupo de personas en una sociedad, con el paso del tiempo, ellos crean para sí mismos un sistema legal que lo autoriza un código moral que los glorifica. Son veinte años de dar “glamour” al descontrol. De creer que la música sólo es popular si es degradada. De pintar los desmanes como una gesta o de creer que el orden y el respeto son para los demás. El peronismo en cualquiera de sus “sectas” ha sido una traba para el desarrollo del país. Cuando es gobierno aplica políticas que ya se probaron ineficaces e incluso lo empeoran todo y cuando es oposición tiene suficiente poder fáctico para no dejar hacer. En los últimos 20 años lo único que no ha dejado de crecer en el país son las villas miserias o asentamientos ilegales o como ellos lo llaman “barrios populares”. De poco menos de 1000 en el 2002 pasaron a más de 5000 en la actualidad. Entonces cabe preguntarse: ¿Dónde está “el crecimiento con matriz diversificada e inclusión social” que pregonan?

La pobreza no es una consecuencia, es un plan. Cuando la gente que creyó en el peronismo se de cuenta que es una trampa, ya estará fuera del sistema y rehén de los subsidios, perdiendo su autoestima, su dignidad. Desconoce la moral y la corrupción, le resulta imposible saber que vota una y otra vez a una banda delictiva. Cuando votaron en 2007, ya había ocurrido lo de Skanska, la valija de Anotonini Wilson y otros escándalos de corrupción. Cuando votaron en 2011 esos escándalos habían crecido y se conocía lo de la imprenta Ciccone. El pacto con Irán. El asesinato del Fiscal Nisman. Los viajes a paraísos fiscales, los “cuadernos de Centeno”, los bolsos con millones de euros, etc. etc. Cuando votaron en 2019 ya estaba todo con pruebas ante la justicia. Sin una asociación ilícita no se hubiese podido robar lo que se robaron. Y esa banda delictiva alcanzó a los tres poderes. La corrupción fue masiva, sistemática y estructural.

Siguen diciendo que es persecución política, que es un atentado a la democracia, un golpe judicial. CFK nunca presentó pruebas absolutorias porque no las tiene. Dice que “ya tienen la sentencia firmada”. En realidad, las sentencias las “escriben” los propios delincuentes cuando cometen un delito. Los jueces sólo aplican el derecho vigente conforme a los hechos, las pruebas y la jurisprudencia.

Por tal motivo, será decisivo desmontar rápido toda esa estructura mafiosa. La República tiene muchas herramientas institucionales para controlar a los autoritarios.

Los actos de justicia son los que elevan la moral del hombre, desde donde ve lo justo o lo injusto en el círculo estrecho de las obligaciones que el azar le impone, sino más allá de los años y de los destinos, más allá de lo que busca y de lo que encuentra, más allá de lo que espera y de lo que teme, más allá de los crímenes y las injusticias que producen los mismos hombres.

El país cambiará cuando la mayoría de la sociedad civil priorice la ética y el republicanismo. Y los que votan corrupción y autoritarismo queden reducidos a una minoría irrelevante, sin chances siquiera, de tener un concejal en algún pueblito remoto. El kirchnerismo manejó a la sociedad argentina con tres palabras: miedo, resentimiento y mentiras. No importa lo que se escriba vinculado con algo que pueda cuestionar, de algún modo, el relato: serás insultado, agraviado, despreciado y, como mínimo, tratado de “gorila”. No falla.

El plan

Según algunos analistas consultados, existiría un plan para los próximos meses: Aguantar como sea hasta las próximas elecciones y luego cometer fraude o directamente desconocer los resultados, tomar la suma del poder público y acallar todo lo que sea oposición, como se viene haciendo en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bielorrusia.

Por otra parte, la izquierda maoísta, trotskista, marxista, etc., opina y están convencidos de que para armar la nueva sociedad comunista que ellos desean, primero hay que destruir totalmente la sociedad actual. Una vez destruida la sociedad existente, ellos construirán la nueva sociedad comunista (Socialismo del siglo XXI, doctrina Castro-Chavista) que ellos, en su ideología, creen es lo mejor para todos los ciudadanos.

En “todos los ciudadanos” no están incluido ellos, los dirigentes que viven en la opulencia. Así lo hicieron en Rusia, en China, en Cuba, en Venezuela y en Nicaragua. Parte de ese plan es: permitir, provocar y hacer todo lo que irrite y perjudique a la clase alta y a la clase media, para así profundizar la grieta y terminar provocando un caos, para declarar el estado de emergencia, anular las elecciones y reformar la Constitución y todo lo que les moleste, para de este modo no sólo liberar totalmente de todo cargo a los acusados de corrupción, sino lo que es mucho peor, destruir totalmente la sociedad como la conocemos actualmente y construir “un estado narco-comunista”, dado que para cumplir con ese ideal se necesita mucho dinero, armamento y fuerzas paramilitares entrenadas, que les provee el narcotráfico.

A todo esto, el pueblo es apático mientras la oposición sigue jugando a las próximas elecciones, sin advertir que el kirchnerismo, dada su naturaleza, nunca entregará el poder…

Los peronistas permanecen encadenados

El peronismo sólo recuerda dos golpes militares: los de 1955 y 1976, donde fueron derrocados dos gobiernos de ese signo. Pero omiten el de 1930 (donde participó Perón), el de 1943 (que organizó Perón) y los de 1962 y 1966 (a los que apoyó Perón). De esta forma han creado una historia oficial dónde la víctima, siempre, fue el peronismo. El peronismo siempre fue camaleónico. Se originó en un golpe militar. Es bueno recordar que Perón era admirador de Mussolini y trajo al país prácticas y normas fascistas.  En los ´60 y ´70 sale con la “lucha armada”. En 1973 crea la “Triple A” y el “Operativo Independencia”, para “aniquilar” al grupo guerrillero Montoneros. Menem fue “liberal”, Néstor Kirchner y Cristina Fernández, Vda. de Kirchner “progresistas”.

El miedo convirtió a personas normales en obedientes seriales, irreflexivos, telecreyentes que entregaron sus derechos de libertad, su educación, su salud y su patrimonio. Si la libertad tiene un significado es el de tener el derecho a decirle a la gente lo que no quiere oír.

Volviendo a Platón. En El mito de la caverna, empieza hablando sobre unos hombres que permanecen encadenados a las profundidades de una caverna desde su nacimiento, sin haber podido salir de ella nunca y, de hecho, sin la capacidad de poder mirar hacia atrás para entender cuál es el origen de esas cadenas…

Platón sostiene que, esos hombres encadenados que describe se parecen a nosotros, los seres humanos, ya que ni ellos ni nosotros vemos más que esas sombras falaces, que simulan una realidad engañosa y superficial. Esta ficción proyectada por la luz de la hoguera los distrae de la realidad: la caverna en la que permanecen encadenados…

Así pues, permanecen siempre mirando a una de las paredes de la caverna, con las cadenas aferrándolos desde atrás. Detrás de ellos, a una cierta distancia y colocada algo por encima de sus cabezas, hay una hoguera que ilumina un poco la zona, y entre ella y los encadenados hay un muro, que Platón equipara a las artimañas que realizan los tramposos y los embaucadores para que no se noten sus trucos…