Inchausti, un protagonista ineludible de los últimos 53 años del Congreso

Eugenio Inchausti es la voz inconfundible de los anuncios que se realizan durante las sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación desde su puesto de Secretario Parlamentario al lado del sillón del Presidente. Pero hay mucho más detrás de esa voz; Inchausti es un testigo privilegiado de los últimos 53 años de vida del Congreso argentino. Desde sus inicios bajo la Presidencia de Arturo Illia, Inchausti vivió dos golpes militares en el parlamento, el regreso a la democracia en 1983 y un retiro forzoso bajo el kirchnerismo hasta el merecido reconocimiento por su trayectoria profesional de carrera en su actual función.

Desde la Secretaría Parlamentaria, Eugenio trabajaba y pregona la revalorización profesional de los cargos parlamentarios y la importancia de la preparación y el respeto a la experiencia de los funcionarios de carrera, sin importar su color político.

Además tiene otras facetas: es cantautor, compositor y fundador del grupo folclórico Los Arroyeños, autor de éxitos como «Que se Vengan los Chicos» y «Cuando Muera el Angelito».

Y desde el Directorio de SADAIC hace 20 años que trabaja por el folclore y la música nacional, impulsando la escuela de música en todo el país, el Museo, la videoteca, la fonoteca, y la digitalización de todo el acervo musical argentino.

Agencia Legislativa entrevistó en dos jornadas a Eugenio Inchausti en su despacho de la Cámara de Diputados, siempre de puertas abiertas a los visitantes.

– Eugenio, para empezar ¿cuál es la función del Secretario Parlamentario?

– En primer lugar hay que explicar que hay dos secretarías: la Secretaria Administrativa maneja toda la administración de la ‘Casa’ desde licitaciones para obras hasta insumos, como así también todo lo relacionado con el personal, desde salarios hasta dietas. Por su parte, la Secretaria Parlamentaria maneja todo lo que sea estrictamente parlamentario. Y tiene la conducción de los proyectos de ley desde que ingresan hasta que son sancionados y se van de este cuerpo. Y es el responsable de llevarle a la firma del Presidente de la Cámara toda sanción. Antes de que la firme el Presidente, la firma el Secretario y yo tengo que controlar lo que trae el Director de Dirección Secretaria, que es quien pasa en papel lo que sancionó el recinto con todas las modificaciones que se hubieren producido.

– Además su función es estar presente en todas las sesiones de la Cámara…

– Sí. Y tengo a mi reemplazante, la Prosecretaria Marta Luchetta. Debo decir que con Luchetta el área parlamentaria volvió ser lo que fue históricamente cuando yo ingresé a esta Casa. Explico: cuando yo ingresé a este Congreso hace más de 50 años, el Secretario Parlamentario era un afiliado al partido conservador, nombrado en la época de Juan D. Perón en 1951. Y a pesar de su militancia política a Arturo Mor Roig, por entonces titular de Diputados a mi ingreso, no se le pasaba por la cabeza que había que sacarlo de su puesto porque no eran de su color político, porque era un hombre de carrera que estuvo 50 años de empleado de la Cámara y había sido antes Director de Secretarías. Esa tradición se corta en 1973, cuando Héctor Cámpora nombra a un expresidente de la Cámara como Secretario Parlamentario. A partir de ahí fueron siempre diputados que no habían logrado ingresar al cuerpo y que recibían este cargo como un premio consuelo. Eso termina en 2015, cuando el cargo vuelve a ser de carrera. Y quiero recordar que además a nosotros nos elige la Cámara, los diputados. Así como también es el cuerpo el que nos separa, si nos resistimos a irnos, con los dos tercios de los votos.

-Volviendo a su función, también usted debe estar presente durante las sesiones especiales, incluso cuando no logran quorum…eso antes no era así.

– Así es, y junto con el Presidente de la Cámara. Ocurre que antes de la gestión de Rafael Pascual, en el año 2000, no habiendo quorum se levantaba la sesión y se iban las autoridades. Pascual empezó a quedarse en las sesiones sin quorum dejando los micrófonos abiertos para que los diputados puedan hacer lo que se denomina como ‘manifestaciones de minoría’, las que quedan registradas en versión taquigráfica. Esa me pareció una medida extraordinaria, porque hay legisladores muy valiosos que no logran el quorum pero que al menos pueden plantear sus proyectos.

– Y usted también está en las reuniones de Labor Parlamentaria. ¿Cómo eran antes estas reuniones, cuando usted ingresó al Congreso?

– Yo era Secretario privado de Mor Roig, pero me sentaba en la reunión de Labor Parlamentaria que en esa época conformaban seis legisladores, Raúl Alfonsín por los radicales, Américo Ghioldi por los socialistas, por los Demócratas Progresistas estaba Camilo Muniagurria y Héctor Gómez Machado por el MID, entre otros. Y se hablaba como en una reunión de comisión, no había versión taquigráfica ni nada, todos se trataban de ‘usted’. Y entre ellos, como hoy se hace en reuniones que son mucho más amplias por la pluralidad de bloques, se resolvían los temas a tratar en el recinto pero había un ambiente de absoluta cordialidad y de muchísimo respeto.

– ¿Cómo es su trabajo en las sesiones extensas de 12 horas o más donde tiene no sólo tiene que estar presente sino que además debe seguir en detalle todo el debate?

– Me podrán ver 12 horas sentado en las sesiones pero yo, que juego al paddle e incluso juego campeonatos, en 2 horas seguidas de paddle no me canso como me canso en las sesiones por la tensión que vivo allí. Porque yo tengo que estar atento a todo lo que digan los diputados y a todos los pedidos que ellos le realicen a la Presidencia. De todos modos, ahora las sesiones no son largas como antes. Cuando yo ingresé cuando se pedía una votación nominal, por ejemplo, no existían los mecanismos electrónicos actuales entonces el Secretario tenía que leer la lista de todos los diputados y éstos a viva voz iban pronunciando su voto. Lo mismo ocurría con los giros de los proyectos a las comisiones que también se leían en la sesión y que además el recinto opinaba a dónde se giraba. Eso volvía cada sesión muy extensa aún con temarios escuetos.

Eugenio Inchausti
Eugenio Inchausti

– Usted ingresó al Congreso en la Presidencia de Arturo Illia y le tocó vivir el golpe militar de 1966 y también el de 1976. Durante los gobiernos de facto ¿qué pasó con el Congreso estaba cerrado literalmente?

– Estuvo completamente cerrado, con el retorno a la democracia tras el golpe a Illia fue Mor Roig el que tuvo que venir a abrir el Congreso. Estaba todo intacto pero destruido por el paso del tiempo y comido por ratones, tanto los muebles como las cortinas, todo. A diferencia de lo que pasó en los años 1980-1981 que incluso el gobierno del Proceso se robó obras de arte. Mor Roig, por entonces, convoca a todos los empleados echados por Onganía para que se reincorporen, entre ellos estuve yo que había dejado el cargo. Me reincorporo como encargado de la Comisión de Justicia. En 1976 viene el Proceso y el interventor era un Coronel que reunió a los empleados del Congreso y nos dijo que ellos iban a gobernar por 24 meses y que no querían que pasara lo mismo en la anterior revolución, porque su objetivo era sacar a la Triple A y a la Guerrilla. Entonces, todos los que eramos funcionarios de carrera nos quedamos, querían que nos quedáramos para que no pase lo que ocurrió antes. En el Senado se organizó una Comisión de Asesoramiento Legislativo, para hacerle creer al resto del mundo que en el Congreso funcionaba una especie de parlamento que no era tal. Así pasaron los 24 meses y más…mientras tanto yo seguí militando en el radicalismo.

– ¿Y durante esos años de la Dictadura que hacían en el Congreso?

– Se limpiaba todo pero no se hacía nada. Estaba flamante el Congreso, pero no se hacía nada. Fue cuando más me dediqué a la música y aprovechaba para irme de gira. En 1983 vuelvo cuando Juan Carlos Pugliese (presidente de la Cámara de Diputados) me designa como Director de Secretaría de la Cámara. Y desde entonces hasta hace tres año fui Director de Secretaría. Estuve desde 1983 hasta 2014.

– Hasta que le piden que se jubile…

– Así es, para designar a un chico de La Cámpora. Fue la primera vez que se rompió la tradición en el área parlamentaria desde 1983 para nombrar a un director o subdirector que venía ‘de la calle’, por decir de alguna manera, ya que no eran del ámbito parlamentario. Yo pasé a ser asesor y seguí en el mismo lugar y despacho. Pero debo decir que estos chicos que vinieron eran respetuosos, muy trabajadores y me consultaban de buen trato. Pero cuando asumo este cargo les tuve que pedir la renuncia a todos. Y ellos entendieron ya accedieron.

– ¿Cómo fue ese pedido?

– Los junté a todos y les pedí sus cargos, fue en diciembre de 2015. Les dije que estaban usurpando cargos de gente con mucha capacidad y años de experiencia a quienes les habían pasado por arriba. Entendieron y dejaron sus puestos y cada uno luego se ubicó en otras funciones. Y en sus lugares asumieron personas que son todas de carrera.

– ¿Quién le ofrece la Secretaria Parlamentaria?

– El diputado Mario Negri (UCR) y por supuesto el presidente de la Cámara Emilio Monzó aceptó esa propuesta y dio su conformidad. Con él ya nos conocíamos cuándo él fue asesor de un legislador.

– Usted estuvo en el Primer Congreso de presidentes de parlamentos de habla hispana que se realizó en España…¿cómo fue esa experiencia?

– Ese Congreso era los días 2, 3 y 4 de diciembre de 1983. Y Raúl Alfonsín recién asumía la Presidencia de la Nación el 10 de diciembre de 1983. Felipe González le pide a Alfonsín, que era el Presidente de la Internacional Socialista, que Argentina tenía que estar presente en el Congreso. Alfonsín le responde a Felipe que hasta el 10 de diciembre había gobierno militar, entonces lo que se hizo el 29 de noviembre fue la reunión preparatoria de Diputados, durante el gobierno militar. Y como no queríamos que los militares convoquen a los diputados, se hizo una autoconvocatoria de la Cámara para elegir autoridades y ahí se lo elige a Pugliese. Al día siguiente viajamos con él a España. Allí lo recibieron con bombos y platillos. Cenamos en el Palacio de la Moncloa con Felipe González y el Presidente de la Cámara de Diputados español. A Pugliese lo eligen Presidente del Congreso y a mí como Secretario de ese Congreso.

LOS INICIOS

– Vamos a los inicios ¿Cómo llegó a trabajar al Congreso?

– Cuando yo ingreso lo hago como secretario privado del presidente de la Cámara Arturo Mor Roig, en 1964. Mor Roig era socio de mi padre en San Nicolás de los Arroyos en un estudio Jurídico. Mor Roig viene de diputado nacional y es elegido presidente de la Cámara y mi padre acepta un cargo de juez federal en la capital, que le ofrece el presidente Arturo Illia. Yo no me quería venir a vivir a la Capital porque quería quedarme en mi pueblo. Ya tenía el grupo folclórico Los Arroyeños, estudiaba en Rosario y mi novia, que es mi actual esposa, vivía en San Nicolás. Entonces me quedé a vivir allá. Pero Mor Roig me convence que necesitaba una persona de absoluta confianza acá, porque yo conocía a su familia y amigos. Era mentira, no necesitaba…me hizo el ‘bocho’ y yo me creí importantísimo y ahí decido venirme a Buenos Aires.

Eugenio Inchausti
Eugenio Inchausti

– ¿Y cómo fue esa llegada?

– Fue 1964, en este mismo despacho con los mismos muebles. El Secretario parlamentario de entonces prácticamente me tomó un examen: qué estudios tenía, qué concepción tenía de la política, de la división de poderes. Y me dijo “bueno muy bien joven, vaya a ver al Dr. Mor Roig que lo voy a designar”. Empecé bien abajo, como secretario privado de Mor Roig. Y a partir de ese cargo me interesé muchísimo en la actividad y me fui empapando de la vida parlamentaria.

– ¿Y dejó todo en San Nicolás?

– Estaba muy de novio con quien ahora es mi mujer. Tenía 20 años y ya tenía hace tres años el conjunto musical Los Arroyeños. A los 18 me había ido a Rosario a estudiar Ciencias Económicas, y ahí fundamos con mi hermano ‘Chany’ Los Arroyeños, pero ya viajábamos mucho a Buenos Aires por la música.

– ¿Y su novia?

– A los dos años de que vengo acá, en 1966 lo derrocan a Illia y como yo era secretario privado de Mor Roig me siento identificado y me voy con él. Pero al poco tiempo mi padre designa a mi novia como Secretaria Privada, y ella se viene a vivir a Buenos Aires en la casa de su hermana. Luego nos casamos. Durante la Dictadura trabajé en el Automóvil Club Argentino, y luego en tribunales. Cuando Mor Roig es convocado por Lanusse, cuando éste derroca a Levingston, le indica que asumirá por 24 meses porque después convocará a elecciones y Mor Roig sería el ministro del Interior para organizar la salida a la democracia y elecciones limpias, donde finalmente se impuso Cámpora.

– ¿Y qué pasó con la música?

– Cuando Pugliese me ofrece ese cargo, busco un reemplazante mío en Los Arroyeños. Al poco tiempos nos ofrecen un programa de TV que se llamó “Que se vengan los chicos”, en 1984. Pero sin mi hermano ‘Chany’ que era Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires y no quería aparecer en nada oficial. Yo me limité a escribir los libros del programa, las canciones, y actuaba yo. Mientras, al mismo tiempo era Director de Secretaría de la Cámara. En 1990 disolvemos Los Arroyeños porque sufrimos una suerte de persecución política a raíz del cargo que tenía mi hermano. Hubo dos episodios que nos molestaron. Uno durante el gobierno de Antonio Cafiero que nombra a un director de cultura que nos solía contratar hasta que le empiezan a reprochar del PJ nuestra contratación por nuestro origen radical. Ahí intervino Cafiero y respaldó su ministro, pero pasó un mal momento. El otro episodio ocurrió en Chaco, cuando el Director de Cultura nos contrata para un festival allá. Firmamos contrato y los pasajes los otorgaba la Secretaría de Cultura. Cuando llega el pedido de pasajes se lo rechazan también porque le reclamaron al Director que contrate a los artistas de origen peronista. Cuando nos dicen que no nos daban los pasajes nos bajamos de ese festival.

– ¿Y cómo llega a SADAIC?

– Llego como Director de Cultura de SADAIC, que tiene rango como de integrante del Directorio y suplente de Eduardo Falú. Cuando él muere yo entro al directorio y a fines del año pasado que hubo elecciones con lista única por 4 años más lo integro, y por supuesto que no cobro honorarios. En 20 años al frente de Cultura tenemos escuela de música en 7 provincias, un coro que es un lujo que debe ser de los 3 o 4 mejores coros del país, una escuela de música acá con 600 alumnos y grandes profesores. Un Museo, Videoteca, Fonoteca, Biblioteca. Y ahora vamos a digitalizar todo para conservarlo.

LA MIRADA SOBRE EL CONGRESO

– Hoy el Congreso no tiene una buena imagen en la sociedad ¿siempre fue así?

– Siempre fue mala la opinión de la gente sobre el Congreso. A pesar de que tenemos muchos diputados que trabajan muchísimo. Tampoco es verdad que los de antes eran mejores. En el ‘83 cuando se reabre el parlamento había una cantidad de jóvenes con una habilidad parlamentaria excepcional y se preparaban muchísimo.

– Pero fue positiva la experiencia de la reunión del Bicentenario el año pasado, en Tucumán, eso acerca el Congreso a la gente…

– Fue una reunión conmemorativa con legisladores provinciales. Lamentablemente un bloque no participó. El gobierno local opositor nos recibió con las manos abiertas. Fue una linda experiencia porque además se movilizó mucha gente.

– Se suele ubicar al año 2001 como el peor año para el Congreso y la clase política en general…

– El descontento fue general. Pero el Congreso tuvo la virtud de dar la salida institucional con la Asamblea Legislativa.