Pichetto: ¡Es él quien no quiere extinguirse!

Por: Ruben Lasagno 

Miguel Ángel Pichetto un “sobreviviente” de la política nacional, a quien como a las moscas, le da lo mismo pararse en las flores o en los excrementos, intentó dar una clase de institucionalidad y de periodismo desde las páginas del diario Clarín, en tren de explicar por qué no quiere votar la Ley de extinción de dominio, siendo que como jefe de Bloque mayoritario, si fuera una persona decente, con ánimo de generar las condiciones para que sus hijos y nietos se desarrollen en un país digno, debería pensar en permitirle desarrollarse a ambos en una sociedad mejor, libre de tanta delincuencia de guante blanco (y no tanto), aprobando una herramienta fundamental: la de quitarle los bienes robados por los delincuentes narcotraficantes, corruptos y lavadores de plata, como la runfla kirchnerista que él mismo acompañó y defendió a capa y espada por 12 años.

Como buen kirchnerista (hoy en pausa por la devaluación personal de CFK, pero mañana podría reverdecer), a Pichetto no le importa el absurdo en el cual pueda caer y hace abstracción del pasado inmediato.

Como buen kirchnerista/cristinista no tiene empacho en usar leyes de las dictaduras cuando conviene o aludir al peligro de usarlas, cuando, como en este caso, pretende encontrar la mosca en la leche para justificar su negativa a poner la firma en un proyecto de ley que en el futuro, podría volverse contra si mismo y sus cómplices de ruta. Pichetto siempre actuó corporativamente para encubrir a los delincuentes de la clase política y de hecho es el mayor opositor al desafuero de Menem y de Cristina Fernández, buscándole siempre una excusas para fundar la negativa a entregarlos a la justicia. Fija su posición dominante, a partir de su bloque mayoritario.

En definitiva, es un cómplice más de la clase política abyecta, que hoy parte de la sociedad y el peronismo lo ve como una “renovación”, cuando si se repasa su trayectoria política se podrá encontrar un camaleón ideológico quien con eje en un peronismo que no siente, lo usa, se erige como el eterno conductor de un espacio donde se mueve cómodo, por ahora y al cual los candidatos devaluados del universo político argentino van a consultar como si fuera el gurú y lo hacen sentir el grandfather del Senado, pero resulta ser un simple cómplice de la vieja estructura corroída de la clase política a la que no debemos votar nunca más.

Para justificar los dos años en los cuales no le dio el visto bueno al tratamiento del proyecto de ley, Pichetto pidió “no nos demonicemos” (¿?) y como si supiera en profundidad de lo que habla, señaló que la experiencia en Colombia fue muy mala…

“En las redes, reavivaron un tema sobre la cuestión de la extinción. ‘El demonio está dando vueltas en el Senado e impide que le saquemos los bienes a los corruptos’, es la construcción dialéctica. Yo digo que tenemos que tener cuidado con este tipo de leyes”, señaló Pichetto como una forma retórica de descubrir fantasmas donde no los hay: si robó, hay que quitarle lo que robó. Pero el senador cree que es un atentado contra la sociedad, cuando en realidad sería un alivio. Mientras Pichetto le encuentra la quinta pata al gato, el proyecto de Massa está próximo a caducar; es decir, el jefe de la bancada peronista prefiere que se extinga la ley, antes de que se extinga el derecho de sus pares a quedarse con lo robado.

Haciendo un sobrevuelo sobre las consecuencias presumiblemente (porque lo dice él) nefastas que tuvo en Colombia y durante la dictadura militar argentina, la frutilla del postre fue cuando el senador dijo esta ley “está hecha para los narcotraficantes, la inventaron en Colombia y la experiencia fue muy mala” y señaló “Tiene que haber una etapa de proceso penal con cierta consistencia, donde haya semi plena prueba para poder disparar la extinción de dominio”.

Si el jefe de la bancada del PJ en el senado, cree que en el país no existen “semi plena pruebas” de los delitos que cometieron sus jefes políticos en la década pasada, sin duda o el rionegrino habla de otro país o nos toma a todos por tondos.

“A veces nos dejamos llevar por corrientes de opinión, por este periodismo de panales que tiene un profundo desconocimiento sobre ciertos temas. Hagamos docencia desde este lugar, expliquémosle a esos periodistas de investigación cómo funciona el sistema judicial y penal. Salgamos de la demonización. Hagamos cosas que sean razonables”, concluyó Pichetto. Que no se haga problema, los periodistas críticos sabemos perfectamente como funciona el sistema judicial, penal y el Senado. Al respecto, no tenemos dudas.

Miguel Ángel Pichetto está especialmente preparado para embarrar la cancha y en frente no tiene a nadie con peso intelectual y moral para salirle al cruce y desnudar sus falacias. Esto y no otra cosa, le permite a este senador del encubrimiento dilapidar falacias como ésta. Más honroso sería que nos dijera a todos los argentinos que su verdadero objetivo en la negativa a tratar esta ley es: evitar el efecto rebote (escupir para arriba), proteger a la jefa de la banda (por si vuelve, uno nunca sabe y Pichetto no se lo quiere perder) o cambiar figuritas con Macri, vaya a saber a cambio de qué o cuánto.

Pichetto: un impresentable más de la vieja política, subido al carro de triunfo prestado ante la falta de referentes políticos serios que puedan construir una oposición real y concreta. Fetiche de una década afanada y ahora encubierta por los remodelados K, intentando reconstruir poder en base a la falta de poder del actual gobierno veleta y de improvisados empresarios que tenemos.

Tengámoslo en cuenta para las urnas del 2019. Ya sabemos quién es y a quien (entre otras decenas de impresentables) no debemos favorecer con nuestro voto y que se extinga su candidatura, como hoy dejan extinguir la extinción de dominio para proteger a quienes no quieren extinguirse.

Cortesía Agencia OPI Santa Cruz